En Toluca no hay un escenario fijo para las batallas de freestyle, ni sede oficial, ni un presupuesto que se acerque al de los grandes torneos internacionales. Lo que sí hay es un hombre, Sahid Enrique Valdez Arroyo, que lleva años haciendo que la escena no se desintegre, y freestylers jóvenes como Miguel González y MVLHIA, que se quedan precisamente por eso.
Conocí a Sahid como era de esperarse: en una batalla en Toluca. Desde entonces nos mantenemos en contacto; una vez me invitó a la Universidad TecMilenio, donde sus estudiantes de fotografía tenían una exposición.

Sahid Enrique Valdez Arroyo es fotógrafo, profesor y durante años la fuerza impulsora detrás de la escena del estilo libre en Toluca. Su visión de las imágenes y la cultura está marcada por personas que se caracterizan por personas como Umberto Eco y Noam Chomsky, su humor permanece agradablemente seco: “Dios me invitó a la Última Cena, pero no pude venir ese día”. Durante años ha organizado torneos de estilo libre en Toluca, no por cálculo, sino por la convicción de que en esta escena todos merecen la misma oportunidad.
Escena freestyle en Toluca: Del miedo al escenario
Los tres llegaron al freestyle por caminos distintos, casi nunca por el más fácil. “Empecé a organizar batallas de rap porque de joven me quedaba de espectador por miedo y nunca me atreví a participar”, cuenta Sahid. Miguel descubrió el freestyle en 2014 a través del programa de YouTube “PGB” y después practicó meses en su cuarto, solo, por pena; no fue hasta 2017 que un conocido lo llevó a su primer competencia de verdad en el centro de Toluca.


MVLHIA llegó por la escuela: “Mi primer torneo fue en 2019, en un evento de mi prepa.” Para él, el freestyle es sobre todo una válvula de escape: “Es una forma de arte con la que me puedo expresar, puedo sacar todo lo que traigo adentro. Cada batalla es ese momento en el que puedo mostrar la versión de mí que en el día a día normalmente no puedo ser.”
Es una forma de arte con la que me puedo expresar, puedo sacar todo lo que traigo adentro. Cada batalla es ese momento en el que puedo mostrar la versión de mí que en el día a día normalmente no puedo ser.
MVLHIA
Lo que significa ese momento arriba del escenario, Miguel lo describe de forma casi existencial: “La sensación al rapear es a veces es inexplicable, ponerme en medio de todo y mostrar una parte de mí me llena de adrenalina, nervios, felicidad. Para mí es una manera de saber que todavía estoy vivo.”


Sahid describe su propio papel de forma más sobria, casi como una lección aprendida en carne propia: “Me esfuerzo por mantener una relación cercana con todos, sobre todo porque sé lo que se siente quedar excluido. Mi meta es que todos podamos crecer juntos, sin favoritismos.”
El día a día de la organización
Sin un lugar fijo, cada torneo se convierte en un reto logístico. “Toluca es una ciudad donde en un solo día puedes vivir todos los climas: puede hacer un calor agobiante y diez minutos después está lloviendo a cántaros”, dice Sahid. A eso se suman los permisos que cambian constantemente y el trato con las autoridades: “Es complicado organizar torneos con todos los permisos necesarios, por eso tenemos que cambiar de lugar todo el tiempo”. Algún que otro torneo ha tenido que moverse de fecha, pero —subraya— nunca a última hora, siempre con días de anticipación.


La creación de su propia liga resultó, sorprendentemente, más sencillo de lo que parecía: “En Toluca básicamente cualquiera puede armar su propia liga. Basta con ofrecer un buen premio y encontrar una fecha que no se empalme con otros eventos.” El verdadero problema, dice entre líneas, no está en arrancar sino en aguantar, sobre todo porque los “problemas de ego y las divisiones internas” siguen siendo el mayor obstáculo.
El sueño de Red Bull, y el sueño que va por otro lado
Cuando le preguntan cuántos llegan realmente a torneos grandes como la Red Bull Batalla, Sahid responde sin una pizca de cinismo: “Cualquiera puede lograrlo si tiene la disposición, el sueño y la constancia. Depende mucho de qué tan dispuesto estés a trabajar por eso y a no rendirte.”
Miguel es la prueba viva de que ese camino existe, y al mismo tiempo de lo humilde que puede seguir siendo la meta: en 2020 llegó a una etapa de la Red Bull México Nacional. “Creo que solo busco la satisfacción personal de cumplir el sueño de enfrentarme a los mejores de la escena; es una forma de demostrarme a mí mismo que no hay límites cuando sueñas en grande.”
Creo que solo busco la satisfacción personal de cumplir el sueño de enfrentarme a los mejores de la escena; es una forma de demostrarme a mí mismo que no hay límites cuando sueñas en grande.
Miguel González sobre el sueño de la Red Bull Batalla
MVLHIA pone el acento en otro lado, de forma muy consciente: para él, Red Bull nunca fue el objetivo. “Honestamente, no. Desde chico mi sueño fue hacer canciones, eso lo traía desde niño. El freestyle llegó después y fue la forma de arte en la que podía mostrarme sin tanta pena.”


La competencia la ve más como un extra que como una meta de vida: “Si llegara a participar en un Red Bull o a ganarlo, claro que sería un logro enorme. Pero nunca ha sido ni es mi objetivo de fondo.” Entre Miguel y MVLHIA se asoma toda la amplitud de la escena: uno para quien la competencia en sí es el sueño, otro para quien el battle es solo una parada en el camino hacia su propia música.
Palabras, temas y el arte de la espontaneidad
Lo que se puede decir en una batalla no tiene casi ningún límite formal. “En el freestyle puedes decir prácticamente cualquier cosa en el momento de la improvisación. Si alguien toca temas delicados como la violencia o problemas personales depende más de la ética de cada quien que de las reglas del torneo”, dice Sahid. Miguel lo confirma desde adentro, con una preferencia clara: lo que más le gusta es cuando una batalla “se convierte en un intercambio de argumentos, como un debate, imponer ideas, valores, y mostrar lo que soy como persona.”
MVLHIA tiene otros enfoques: “Cuando rapeo en batallas me gusta mucho ser directo, rapear sobre la situación y sobre cómo se está desarrollando la batalla en ese momento”. Pero sus temas de fondo suelen ir más allá del puro enfrentamiento: “En mis letras hablo mucho de desamor, nostalgia y tristeza”.


Que no haya nada prescrito no significa que todo salga de la nada. “Mi cabeza hace conexiones y patrones según lo que dicen los rivales; a veces las respuestas nacen de palabras clave o de ideas argumentativas”, explica Miguel sobre el proceso mental, que describe como “espontáneo y orgánico, pero entrenable.”
MVLHIA ve en eso uno de los mayores atractivos de esta forma de arte: “Eso es personalmente lo que más disfruto del freestyle. La incertidumbre, hasta el mejor puede perder contra alguien que no es el favorito”. Al igual que Miguel, él también insiste en que la espontaneidad no es casualidad sino trabajo: “La forma en que pude desarrollar mi respuesta en el momento viene de horas de práctica de freestyle con mis amigos; el entrenamiento siempre es la clave para dar una buena actuación”. Y lo mismo aplica para aguantar las palabras duras: “Tienes que estar mentalmente preparado para escuchar de todo”, dice Miguel. “Los insultos pueden pegarte, pero depende mucho de cómo los procesas mentalmente”.
Mi cabeza hace conexiones y patrones según lo que dicen los rivales; a veces las respuestas nacen de palabras clave o de ideas argumentativas.
Miguel González sobre la espontaneidad en el freestyle
Entre la calle y el refugio
Los tres hablan abiertamente sobre la dimensión social de la escena, y aquí es donde todo se vuelve más concreto. “En el mejor de los casos uno aleja a los chavos de todo lo que les puede hacer daño, aunque en la práctica eso es complicado. Muchos vienen de situaciones difíciles, y estos espacios pueden ser también una manera de acompañarlos”, dice Sahid. Miguel responde a la misma pregunta con calma, sin soluciones fáciles: “Hay gente con otras opciones, menos riesgosas. Es una cuestión de decisiones y de voluntad.” Su conclusión sigue siendo personal: “Las acciones irreflexivas suelen ser el reflejo de una falta de amor. Pero al final creo que la fuerza para cambiar tiene que venir de adentro”.
En el mejor de los casos uno aleja a los chavos de todo lo que les puede hacer daño, aunque en la práctica eso es complicado. Muchos vienen de situaciones difíciles, y estos espacios pueden ser también una manera de acompañarlos.
Sahid sobre el refugio que puede ofrecer la escena freestyle
MVLHIA lo hace tangible con algo que vivió de cerca: “De hecho, un amigo mío que andaba en los torneos de freestyle y hacía música terminó en la cárcel. En esta cultura del hip-hop uno se topa naturalmente con drogas, alcohol, armas y todo eso”. Él y la mayoría de los que conoce se han mantenido a flote con trabajo honesto: “Yo y la mayoría de los que conozco trabajamos en empleos normales o rapeamos en espacios públicos”. Su mensaje para la siguiente generación de la escena es claro: “Lo que les digo a los nuevos es que seamos buenos artistas, que no nos metamos en problemas y que nuestra arte hable por nosotros. Siempre trato de darles ese mensaje a los que conozco, y esa forma de ser refleja lo que soy”.
Perspectiva: la puerta que se abre
Cuando le preguntan por el futuro de la escena, Sahid no piensa en grandes visiones sino en un mecanismo concreto: “Necesitas que la persona correcta crezca, o tienes que encontrar el contacto indicado que pueda abrir puertas, porque cuando uno de ellos crece, eso puede generar oportunidades para que todos los demás también crezcan”. Es un deseo modesto, casi pragmático, y uno por el que freestylers como Miguel y MVLHIA, cada uno a su manera, siguen subiendo al escenario año tras año: uno que se siente en casa en la competencia misma, otro en camino hacia algo más grande que va más allá de la batalla.
Necesitas que la persona correcta crezca, o tienes que encontrar el contacto indicado que pueda abrir puertas, porque cuando uno de ellos crece, eso puede generar oportunidades para que todos los demás también crezcan.
Sahid sobre el futuro de la escena
Para cerrar, quiero agradecerles a todos los freestylers de Toluca que siempre me abrieron las puertas sin problema y que cada vez me dieron una actuación realmente impresionante. Gracias también a Sahid, Miguel y MVLHIA por tomarse el tiempo de responder mis preguntas. Con gusto los voy a visitar en una batalla la próxima vez que esté en Toluca.
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Así como los freestylers de Toluca negocian entre el ego y la comunidad, otras tradiciones mexicanas juegan con la identidad y la puesta en escena. En Xochimilco, los turistas se convierten en Catrinas frente a la cámara, un ritual que transforma la mirada ajena en ícono nacional, tal como se explora en Catrinas en los canales de Xochimilco.
También disponible en alemán: Zwischen Ego und Gemeinschaft: Die Freestyle-Szene von Toluca.




