Fui al mercado en Tlaxcala a comer algo. Nada más. Pero ahí conocí a Otilio y a Maria, que estaban comprando hilo para su siguiente pieza. Poco después, yo estaba parado frente a un telar de madera con siglos de historia, en medio de una tradición textil que no tiene igual en México.

Durante más de dos décadas me he dedicado a escribir libros especializados y artículos sobre fotografía. En todo este tiempo, he puesto a prueba numerosos sistemas de cámaras y he seguido muy de cerca la evolución de la industria. Para mí, siempre ha sido fundamental enfocarme en el uso práctico: ¿qué equipo funciona realmente en el día a día?, ¿qué es lo que de verdad importa en el momento decisivo? y ¿cómo se le puede sacar el mayor provecho a nuestras herramientas fotográficas?
Tejido ancestral y telar de pedal: una tradición viva en Tlaxcala
Tlaxcala, al oriente de la Ciudad de México, es uno de los centros textiles más importantes del país. Santa Ana Chiautempan, en particular, es conocida desde hace siglos como la cuna del sarape. Mucho antes de la llegada de los españoles, los pueblos tlaxcaltecas ya practicaban el tejido manual. Según la tradición, este arte está relacionado con Toci, una antigua deidad cuyo nombre en náhuatl significa “nuestra abuela”.


El telar de pedal llegó a Tlaxcala durante el siglo XVI. Este bastidor de madera, introducido en la época virreinal, todavía se utiliza de una manera muy similar a la de entonces. En los antiguos obrajes se elaboraban sarapes de lana teñidos con pigmentos como el rojo de cochinilla y el azul índigo. Las franjas anchas y los contrastes de color asociados con el llamado estilo Saltillo continúan presentes en numerosos textiles tlaxcaltecas. Ese es precisamente el tipo de pieza que Otilio elabora en su telar.

Otilio trabaja con uno de esos telares de pedal. Manos y pies se mueven al ritmo mientras guía hilo por hilo con una lanzadera de madera, esa pequeña pieza con carrete que cruza la urdimbre tensada. Un sarape completo le puede llevar a un tejedor experimentado un día entero de trabajo. En talleres familiares como el suyo, el conocimiento pasa de generación en generación.


Sudor y orgullo: una tarde con Otilio y Maria
Los conocí por casualidad en el mercado, mientras comíamos. Otilio y María estaban comprando hilo para su siguiente pieza, y así comenzó la conversación. Cuando mencioné que me interesaba la tradición textil de la región, no hubo más que decir: tenía que conocer su taller.


Poco después estaba frente al telar de Otilio, observando de cerca cómo trabaja. El telar se opera por completo a mano, sin motor ni electricidad. Impresiona ver la velocidad y la concentración con las que coordina cada movimiento. Décadas de práctica se hacen evidentes de inmediato. Otilio sudaba mientras trabajaba, pero su alegría era igual de visible. Está orgulloso de su oficio y de poder compartirlo, y eso se percibe en cada movimiento.


Técnica fotográfica con poca luz y movimientos rápidos: así lo hice
Además de permitirme conocer de cerca el trabajo de Otilio, la visita representó un reto fotográfico interesante. El taller no era precisamente el escenario más sencillo para tomar fotografías. La única fuente de luz natural era una ventana pequeña, el cuarto estaba bastante oscuro y yo había decidido no utilizar flash. La luz artificial habría alterado el ambiente y probablemente también habría distraído a Otilio mientras trabajaba.
A esto se sumaba la velocidad de sus movimientos. La lanzadera cruzaba la urdimbre en una fracción de segundo, mientras manos y pies seguían el mismo ritmo. La combinación de poca luz y movimiento rápido es uno de los retos más difíciles para quienes comienzan a fotografiar en interiores.

En fotografía, la exposición siempre depende de tres variables: apertura (f-stop), velocidad de obturación y sensibilidad ISO. Cuando hay poca luz, normalmente se utiliza un tiempo de exposición más largo para que el sensor pueda captar más luz. Sin embargo, el movimiento rápido exige justamente lo contrario: una velocidad de obturación alta que permita congelar las manos y la lanzadera.
La solución fue abrir el diafragma del objetivo tanto como fuera posible. Ese día llevaba la Fujifilm X-S20 con el Fujinon XF35mm f/1.4, y fotografié casi siempre entre f/1.4 y f/2. De esta manera pude mantener velocidades de obturación de 1/320 a 1/500 s, suficiente para congelar el movimiento de las manos sin tener que aumentar demasiado la sensibilidad ISO.
Hay una limitación que conviene conocer sobre un objetivo como el Fujinon XF35mm f/1.4: su sistema de enfoque automático no es uno de los más rápidos de la gama Fujifilm. En condiciones de poca luz puede dudar, especialmente cuando se utiliza el enfoque continuo AF-C. En estas situaciones ayuda seleccionar un punto de enfoque pequeño y colocarlo en una zona donde sea posible anticipar el movimiento, por ejemplo, en el lugar por el que pasarán las manos o la lanzadera. También resulta útil fotografiar en ráfaga, en lugar de confiar todo a un único disparo. Así aumenta considerablemente la probabilidad de obtener una imagen nítida en el momento adecuado.

Más allá del reto fotográfico, la visita también me recordó la situación que atraviesan muchos oficios tradicionales. Los textiles industriales de bajo costo hacen cada vez más difícil que los pequeños talleres familiares de Tlaxcala puedan vivir de su trabajo. Por eso me alegra que Otilio y Maria continúen con esta tradición y estén dispuestos a compartir sus conocimientos con viajeros como yo, quienes llegamos interesados en conocer su oficio.

Si te interesan los reportajes fotográficos, tenemos más artículos que te van a gustar. Por ejemplo, el artículo de Thorsten Naeser, donde recorrió las calles de París durante tres días con la Fujifilm X100V, la Fujifilm X-T4 y la Nikon Z6. O si te llama la atención la vida de los campesinos de montaña en los Cárpatos rumanos, este artículo es para ti.
También disponible en alemán: Handweberei in Tlaxcala: Eine Begegnung mit dem traditionellen Telar de Pedal.








