Fui al mercado en Tlaxcala a comer algo. Nada más. Pero ahí conocí a Otilio y a Maria, que andaban comprando hilo para su siguiente trabajo. Poco después, yo estaba parado frente a un telar de madera con siglos de historia, en medio de una tradición textil que no tiene igual en México.
Telar de pedal: el arte milenario de Tlaxcala
Tlaxcala, al oriente de la Ciudad de México, es uno de los centros textiles más importantes del país. Santa Ana Chiautempan, en particular, lleva desde el siglo XVI el título de cuna del sarape. Mucho antes de que llegaran los españoles, los tlaxcaltecas ya tejían a mano; según la tradición, este arte viene de la diosa Toci, que en náhuatl significa “nuestra abuela”.


En el siglo XVI, junto con los franciscanos llegó el telar de pedal a Tlaxcala: un bastidor de madera que, hasta hoy, se usa prácticamente igual que entonces. En los obrajes de la época virreinal se producían finos sarapes de lana teñidos con rojo de cochinilla y azul índigo. Esas franjas anchas de colores en el llamado estilo Saltillo siguen siendo la firma de muchos textiles tlaxcaltecas, y son exactamente el tipo de pieza que Otilio teje en su telar.

Otilio trabaja con uno de esos telares de pedal. Manos y pies se mueven al ritmo mientras guía hilo por hilo con una lanzadera de madera, esa pequeña pieza con carrete que cruza la urdimbre tensada. Un sarape completo le puede llevar a un tejedor experimentado un día entero de trabajo. En talleres familiares como el suyo, el conocimiento pasa de generación en generación.


Sudor y orgullo: una tarde con Otilio y Maria
Los conocí por casualidad en el mercado, mientras comíamos. Ellos estaban comprando hilo para su siguiente pieza y así comenzó la plática. Cuando mencioné que me interesaba la tradición textil de la región, no hubo más que decir: tenía que ir a verlo.


Minutos después estaba en el taller de Otilio, parado justo al lado de su telar. El telar se opera cien por ciento a mano, sin ningún tipo de apoyo mecánico. Impresiona ver la velocidad y concentración con la que Otilio maneja el telar. Décadas de práctica se notan de inmediato. Sudaba mientras trabajaba, pero su alegría era igual de evidente. Otilio está orgulloso de lo que hace y de poder mostrarlo, y eso se nota en cada movimiento.


Técnica fotográfica con poca luz y manos rápidas: así es como lo hice
El taller de Otilio no era precisamente el escenario más sencillo para fotografiar. Solo entraba luz por una ventana pequeña, el cuarto estaba bastante oscuro, y yo había decidido no llevar flash. Habría arruinado el ambiente y probablemente habría distraído a Otilio mientras trabajaba. Para colmo, sus manos se movían a una velocidad sorprendente: la lanzadera literalmente vuela entre los hilos de la urdimbre, y el pedal sigue el mismo compás. Esa combinación de poca luz y movimiento rápido es uno de los retos más grandes para quien está empezando.

En fotografía, la exposición (exposure) siempre depende de tres variables: apertura (f-stop), velocidad de obturación y ISO. Con poca luz, lo ideal sería exponer más tiempo para que el sensor reciba suficiente luz. Pero el movimiento rápido exige lo contrario: una velocidad de obturación corta, porque de lo contrario las manos y la lanzadera se convierten en una mancha borrosa. La solución está en abrir el objetivo al máximo para dejar pasar más luz sin necesidad de alargar la exposición.
Ese día llevaba la Fujifilm X-S20 con el XF35mm f/1.4, y disparé casi siempre a apertura máxima, entre f/1.4 y f/2. Con eso pude mantener velocidades de obturación de 1/320 a 1/500 segundos, suficiente para congelar el movimiento de las manos sin tener que subir demasiado el ISO.
Hay una limitación que conviene conocer sobre un objetivo como el XF35mm f/1.4: su motor de enfoque automático (autofocus) del lente no es de los más rápidos del sistema Fujifilm; puede dudar, especialmente con poca luz y en el modo AF-C continuo. En esos casos ayuda mucho reducir el punto de enfoque y colocarlo en un lugar predecible, por ejemplo, en las manos justo antes de que lleguen al cruce de hilos, y disparar en serie en lugar de esperar el momento perfecto. Así la tasa de aciertos y la cantidad de imágenes aprovechables sube bastante.

El trabajo artesanal como este está bajo presión: los textiles industriales baratos hacen cada vez más difícil que los talleres familiares de Tlaxcala puedan vivir de su oficio. Por eso me alegra mucho que Otilio y Maria sigan adelante y estén dispuestos a compartir lo que saben con viajeros como yo.

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También disponible en alemán: Handweberei in Tlaxcala: Eine Begegnung mit dem traditionellen Telar de Pedal.




