La Ricoh GR IV me ha acompañado durante bastante tiempo en reportajes, fotografía callejera y viajes. Es precisamente en este tipo de escenarios donde una cámara demuestra si realmente funciona en el día a día o si solo resulta atractiva sobre el papel.
Después de muchos trabajos y fotografías, mi impresión es bastante clara: la GR IV es una cámara fascinante, con una personalidad muy marcada, aunque también presenta algunos aspectos que en la práctica me generan ciertas frustraciones.

Durante más de dos décadas me he dedicado a escribir libros especializados y artículos sobre fotografía. En todo este tiempo, he puesto a prueba numerosos sistemas de cámaras y he seguido muy de cerca la evolución de la industria. Para mí, siempre ha sido fundamental enfocarme en el uso práctico: ¿qué equipo funciona realmente en el día a día?, ¿qué es lo que de verdad importa en el momento decisivo? y ¿cómo se le puede sacar el mayor provecho a nuestras herramientas fotográficas?
Lo que más me gusta de la Ricoh GR IV
Lo que me conquistó desde el primer momento fue la combinación entre calidad de imagen, tamaño y discreción. La cámara es tan compacta que puedo llevarla conmigo prácticamente a todas partes. Y eso, para fotografía documental, callejera y de viaje, representa una ventaja enorme.
Una cámara que pasa desapercibida y está siempre lista para disparar facilita reaccionar de forma espontánea cuando surge una escena interesante.
A esto se suma su objetivo fijo equivalente a 28 mm, una distancia focal que encaja perfectamente con mi forma de trabajar. Me obliga a componer de manera más consciente y favorece una fotografía más cercana e inmersiva. Me gusta acercarme a las escenas y transmitir esa sensación de inmediatez y presencia que ofrece este tipo de encuadre.


Sin embargo, uno de los aspectos más importantes para mí es el sistema de enfoque por distancia preestablecida, conocido por muchos usuarios de Ricoh como Snap Focus. Por supuesto, este tipo de técnica puede utilizarse también con otras cámaras. La diferencia es que en la Ricoh GR IV no se siente como una función adicional, sino como una parte esencial de su filosofía de trabajo.
La cámara invita constantemente a fotografiar de forma rápida e intuitiva, sin depender del autofoco para cada toma. Una vez establecida una distancia adecuada, puedo disparar de inmediato en muchas situaciones y concentrarme por completo en el momento, el movimiento y la composición. En fotografía callejera y documental esto supone una gran ventaja, porque convierte a la cámara en una herramienta más directa, predecible y confiable.

También me gusta mucho la experiencia de uso en general. La cámara está lista para trabajar en cuestión de segundos, se centra en lo esencial y transmite la sensación de ser una herramienta diseñada para fotografiar, no para perder tiempo navegando por interminables menús.

Otro detalle que valoro especialmente es el filtro ND integrado.
Puede parecer una característica menor, pero en la práctica me resulta extremadamente útil. Cuando fotografío en exteriores con mucha luz, me permite seguir trabajando con aperturas amplias sin encontrarme rápidamente con limitaciones técnicas.
Combinado con la estabilización de imagen en el cuerpo (IBIS), el filtro ND también me ayuda a realizar exposiciones más largas a pulso de lo que normalmente sería posible. Es una función que utilizo con frecuencia para experimentar con desenfoques de movimiento y otros efectos creativos.
Son precisamente este tipo de detalles los que, para mí, marcan la diferencia entre una cámara que simplemente ofrece muchas funciones y una que realmente ha sido pensada para el uso cotidiano.


Lo que me molesta en el día a día
Por mucho que disfrute trabajando con la Ricoh GR IV, hay algunos aspectos que sigo echando de menos. El más evidente es la ausencia de un visor integrado o, al menos, de una pantalla abatible.
En fotografía documental hay muchas situaciones en las que preferiría encuadrar a través de un visor o trabajar desde ángulos bajos y perspectivas poco habituales. La pantalla fija impone límites claros en este sentido.
Entiendo perfectamente que incorporar cualquiera de estas características implicaría sacrificar parte de la extraordinaria compacidad de la cámara. Aun así, es un aspecto que ocasionalmente me resulta frustrante.
Actualmente utilizo un visor óptico externo montado en la zapata, pero para mí sigue siendo una solución de compromiso.
Funciona y cumple su propósito, pero está lejos de ofrecer la precisión que me gustaría. Cuando trabajo con sujetos cercanos o necesito que el encuadre sea exacto, las limitaciones de este sistema se hacen evidentes con rapidez.
Conclusión
A pesar de estas críticas, mi valoración general sigue siendo muy positiva.
La Ricoh GR IV no es una cámara perfecta, pero sí una cámara con carácter. Y, en muchas ocasiones, eso resulta más importante en la práctica fotográfica que una lista interminable de especificaciones técnicas.
Quienes quieran ver la Ricoh GR IV no solo en pruebas de uso general, sino también en una situación documental real, pueden consultar mi reportaje Santa Muerte en Tepito: un reportaje con la Ricoh GR IV y la Fujifilm X-E5.
En ese trabajo muestro cómo se comporta la cámara en un entorno documental sensible y qué papel desempeñan, en la práctica, su discreción, rapidez y particular forma de trabajar.
Imagen de portada: Ricoh
Artículo también disponible en alemán: Ricoh GR IV im Praxiseinsatz: Was mir an der Kompaktkamera gefällt – und was mich stört








